“No existe ninguna historia que no haya sido constituida mediante las experiencias y esperanzas de personas que actúan o sufren”. Reinhart Koselleck
¿Estamos por leer un libro de historia o un libro de música? ¿Podemos reconstruir la historia reciente de Tucumán, de tres décadas signadas por la violencia de estado, a través de sus expresiones musicales? ¿Hay rastros de esas experiencias y, tal vez, esas esperanzas, en el rock original —y a la vez parte de una época— que se producía en la provincia? ¿Se puede reconstruir la historia de ese rock, sólido, importante, representativo, pero con la condena de ser “extra porteño” y, por tanto, condenado a los bordes? ¿Qué sucede cuando nadie le pone voz a una historia que, aunque importante, no ocupaba las primeras planas en un país federal por constitución, pero unitario por vocación? ¿Cuál es la función de la historia si no, acaso, rescatar de los sótanos del olvido? ¿Qué se cantaba, qué se componía, qué se tocaba en aquellos años del Operativo Independencia y el Monte Tucumano? ¿Cuáles son las dificultades que los artistas en general, y los músicos en particular, enfrentan, si es que viven a demasiados kilómetros de la bendecida Buenos Aires?
Jorge Nicolás Beale, historiador y músico, nos invita a un viaje de tres décadas por el rock tucumano. Quizás no responda todas las preguntas anteriores, pero las suscita. Y poner el tema sobre la mesa conforma un plano rebatido de una historia que se ha contado poco y nada, pero merece ser vista y analizada.





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